Un mes después de empezar el gimnasio, el día a día ya va asentándose y cada vez tengo más amigos.
Como ya estoy entre la élite gimnastil los nuevos me piden ayuda, y claro, un auténtico fuerte no puede negarse:
-Perdona, ¿podrías echarme una mano con la barra?
-Si claro, nos turnamos.
-No si yo ya me ib..
-¡Que nos turnamos!
También hay gente rezagada que se apunta ahora.
-¡Tú, tú! Mira a esa, la rubita nueva, qué espectáculo.
-Es mi hermana tío, no te pases.
-No, no, digo la rubia increíble que está con la morena feilla de ahí.
-Con mi novia...
-¿Qué tal con la dieta esa nueva? Yo te veo genial.
Otra muestra de que estás integrado en el gimnasio es el colegueo con los monitores.
-¡Qué pasa Pablo!¿Qué tal?
-Bien, pero Pablo es el de por la tarde yo soy Miguél, que le sustituyo hoy.
-Jaja, que cachondo eres Pablo, Miguél es ese que todas dicen que es medio calvo, feucho y bajito que tontea con ellas pero ninguna le hace caso.
(Ahí llegó la de recepcionista)
-Miguel, te habías dejado la mochila arriba.
Y así conocí a Miguél.
La comunicación es clave.
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